Desde que empecé a usar bastones de senderismo, ya no puedo prescindir de ellos. Menos caídas, menos torceduras de tobillo, pero también más comodidad: me siento más estable sin tener que estar tan atento, y con menos fatiga muscular. Al final, las desventajas me parecen mínimas, salvo en los tramos de escalada o con cables, donde la prudencia obliga a plegarlos y guardarlos.
No los uso para un paseo familiar por el bosque o junto al mar. Pero los uso sistemáticamente cuando hago senderismo por la montaña. Me parecen indispensables en cuanto llevo una mochila cargada (y más aún un portabebés). Para mí son el complemento natural de un buen calzado.